España, Opinión

… podría perdonar

Hoy he recibido un correo electrónico en el que me recomendaban leer la entrada del blog que inserto a continuación y que transcribo literalmente.

Carta a Otegui de un exterrorista del IRA

“No, Arnaldo. Por mucho que lo intentes, la historia del País Vasco no se parece en nada a la del Ulster. En nada. Lee esta carta y lo entenderás.” Shane O.
 
Shane O´Doherty estuvo 5 años en el IRA, cumplió una condena de 14 años y lleva 30 años pidiendo perdón a las víctimas. Fue el primero que lo hizo, pero afortunadamente no el único.
 
Arnaldo (lo siento, no puedo considerarte “querido” ni “estimado”), 
 
Tal vez yo no sea quién para decirte qué hacer o qué dejar de hacer en tu lucha armada y/o política; y probablemente no deba meterme en los asuntos de un pueblo que no es el mío (y cuyas historias nada tienen que ver entre sí; nada en absoluto); pero si de algo han de servir mi experiencia y mi lucha, primero como terrorista y luego contra el terror que yo mismo protagonicé, espero que sea para convencerte, a ti y a los tuyos, de que el único camino posible es el que yo seguí. El único, créeme.
 
Yo, como tú, fui un terrorista activo. A los 15 años entré en el IRA Provisional, cansado de convivir con tanquetas, barricadas y soldados británicos armados hasta los dientes (soldados, no policías; y de los más duros) en cada rincón de Free Derry; harto de sufrir el odio ancestral de los protestantes orangistas, de ver cómo agredían a nuestros niños, quemaban nuestras iglesias “papistas” o nos asesinaban en actos terroristas (sí, en el Ulster matábamos los dos bandos). Hemos sido un pueblo muy pobre, hambriento y humillado, desde siglos atrás (muy diferente al tuyo, siempre tan próspero y con un nivel de autonomía que a nosotros nos habría ahorrado muchos muertos ), y eso también marca, porque somos uno con nuestra historia. Mi vida se vio especialmente marcada el domingo 30 de enero de 1972, cuando me manifestaba por las calles de Free Derry, junto a otras 15.000 personas, a favor de los derechos civiles; vi al otro lado de las barricadas el regimiento de paracaidistas británicos que vigilaba que no traspasáramos la “frontera” de la zona protestante. Y vi también cómo empezaron a dispararnos indiscriminadamente y mataban a trece personas (seis de ellas de mi edad, 17 años) y herían de bala a otras treinta. ¿Tú has vivido una experiencia semejante, Arnaldo, con muertos a tiros; o en tu “guerra” el enemigo sólo lanza pelotas de goma? 
 
Después de aquel Domingo Sangriento pensé “si me tienen que matar, que sea por algo importante, no por una protesta civil”, así que me apunté voluntario a un sinfín de operaciones con explosivos y cartas bomba. No sé a cuántos ingleses maté; si es que maté alguno. Pero eso no importa, si el IRA mata y tú eres parte del IRA, cada muerte es tu responsabilidad. A los 18 años era el terrorista más buscado, y a los 20 fui detenido y condenado a 30 cadenas perpetuas. Mi primer día en prisión los guardias me sacaron de la celda a medianoche y me dieron una paliza: el IRA acababa de asesinar al padre de uno de los oficiales; fue la primera de muchas palizas; luego me negué a vestir el uniforme de una prisión inglesa, y estuve 14 meses en la celda de castigo (sí, allí los presos irlandeses no tienen privilegios, al contrario; muchos incluso han muerto en huelgas de hambre). Yo me creía fuerte, invencible, un auténtico guerrero de la libertad. Pero comencé a darle vueltas a todo: “Estamos destruyendo nuestro país, a familias enteras, provocando terror y dolor. ¿Qué sentido tiene?” Estaba orgulloso de haber atentado contra políticos y generales pero tenía dudas sobre el resto de mis víctimas. ¿Tú has llegado a sentir lo mismo alguna vez, Arnaldo? 
 
Pedí consejo al sacerdote de la prisión (¡sí, somos católicos!) y me regaló una Biblia. Leí los Cuatro Evangelios de una sentada y empecé a pensar que todo era un error: la guerra, la violencia, las muertes. Comencé a escribir cartas a mis víctimas, multitud de cartas, y fui el primer terrorista del IRA que abogó por el cese de la violencia y la rendición. Los demás -mis compañeros y mis enemigos- pensaron que me había vuelto loco: ¿un terrorista irlandés pidiendo perdón? ¡Increíble! Tuve que luchar todo un año con el Gobierno británico y las autoridades de la prisión para que me permitieran enviar mis cartas y publicar mis llamamientos en la prensa. Empecé a buscar la verdad y a tomar conciencia de los derechos humanos (¿te suenan, Arnaldo?). Mi propia conciencia me condenaba por mis actos, después de una vida de violencia y terror. Llegué a la conclusión de que el terrorismo está en el interior de las personas, de cada uno de nosotros; y cada uno tenemos que reconocer nuestra culpa y pedir perdón desde dentro, desde nuestra conciencia, desde nuestro corazón. 
 
Cumplí una dura condena de 14 años. Cuando salí, el 4 de septiembre de 1989, empecé a estudiar y escribí un libro, The Volunteer, sobre mis años en el IRA y pidiendo el fin de la lucha armada (“detén la guerra, la violencia es un error, pide perdón y entrégate”). No creo que lo hayas leído, Arnaldo, pero te lo recomiendo. Mis compañeros lo hicieron y poco a poco fueron tomando conciencia de que no hay libertad con violencia (¡libertad, qué bonita palabra!), hasta que finalmente dejamos la lucha armada y entregamos las armas, hace unos años. Hoy vivo en Dublín y trabajo ayudando a indigentes (te lo recomiendo también; es una gran lección) además de dar conferencias por todo el mundo contando mi historia. 
 
Después de cinco años en el IRA y treinta pidiendo perdón, a mis víctimas y a mi país, aún no me he perdonado del todo; cada día siento la responsabilidad, la conciencia culpable de mi pasado. Pero mi experiencia puede hacer bien; por eso te escribo esta carta, a ti, a tu pueblo vasco y a todos los españoles. No te engañes, Arnaldo, tu victoria política hoy, si ETA no se disuelve definitivamente y deja las armas, sólo va a traer más amargura y dolor.
 
Sinceramente, yo creo que ningún gobierno debe negociar con terroristas, ni con el IRA ni con ETA. Cuando hayáis cambiado vuestra conciencia, vuestro corazón; cuando hayáis pedido perdón por la violencia y por las víctimas y destruyáis vuestras armas con testigos internacionales, entonces se podrá hablar del fin de ETA. No hay más terrorismo en España que el que hay en los corazones de los terroristas; las falsas ideologías (¡pero si habéis sido España desde hace siglos!) hacen que los jóvenes se conviertan en asesinos profesionales bajo el propósito de hacer un mundo mejor, pero la violencia siempre crea más injusticias que las que pretende curar. Los asesinos no son una parte de los políticos; sólo los que se arrepienten en conciencia y se dedican al servicio público, tal vez puedan llegar a serlo. 
 
No sé qué intenciones te mueven a ti, Arnaldo. Si realmente promueves el fin del terrorismo o estás buscando poder para perpetuarlo. Yo sólo puedo decirte: escucha a tus víctimas, escucha su dolor, el daño irreparable que has ocasionado. Y, si aún te queda conciencia, pídeles perdón; entregad las armas y entregaos a la justicia. Éste es el único camino. Te lo dice alguien que encontró la salida. 
 
Shane O´Doherty 
 
Nota: este artículo ha sido escrito a partir de una conferencia de Shane O´Doherty, a la que asistí hace unos meses, tomando sus palabras literalmente (salvo, obviamente, las que se refieren explícitamente a Arnaldo Otegui). 
 

Yo, como muchísimos españoles, he vivido desde hace ya demasiados años bajo el miedo de no saber a quién o quienes le podía tocar ese día. He perdido amigos y compañeros a manos de la banda terrorista ETA. Todos los días mentía a mis hijos y ahora, cuando sigo mirando los bajos del vehículo, antes de que se monte mi familia, se lo hago a la pequeña de nueve años a la que llevo al colegio, ya que los mayores saben de qué va la cosa; es muy duro cuando pregunta que para qué miro, contestar que para ver si hay algún gatito debajo, no vaya a pillarle con las ruedas al mover el coche. Viví muy de cerca el atentado de la plaza de la República Argentina en Madrid, donde murieron 12 Guardias Civiles. He sentido el terror y el alivio en la voz de mi mujer cuando, tras enterarse de que había habido un atentado, hablaba conmigo por teléfono. He vivido el dolor y el miedo de mi familia cuando por las mañanas, al marcharme a mi trabajo, no sabían si ese día me iba a tocar a mí. Tuve la desgracia de perder, en otro atentado, al hombre que me hizo comprender que la mayor grandeza de la persona es el servicio y la entrega a los demás con sus enseñanzas en clase.

Hace muchos años que borré la pena de muerte del repertorio de castigos que aplicaría a los delitos más atroces. Creo que el derecho a la vida es un derecho fundamental que se ha de respetar. Esto me llevaba a la convicción de que para los terroristas, la pena por sus crímenes, no debería ser otra que cadena perpetua en régimen de trabajos forzados. No se puede perdonar a quien a sangre fría comete tal sarta de atrocidades. Pensar en la reinserción de estos individuos ofende los sentimientos más profundos y a la memoria de todos los que de una manera o de otra han sido sus víctimas.

Es curioso, pero tras leer este texto basado en la conferencia de Shane O’Doherty, me he dado cuenta que hay gente que puede merecer ese perdón. Si lo que dice Shane O’Doherty sale de su corazón, evidentemente, yo estaba equivocado. Hay gente que merece que se pase hoja y se le dé la oportunidad de rehacer su vida. ¡Bastante lleva encima de su conciencia!

Hoy es un buen día, me siento feliz al descubrir que yo… podría perdonar.

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2 comentarios en “… podría perdonar”

  1. Gracias, por hacerme (una vez más) reflexionar y por expresar con tanta claridad mis sentimientos…
    Yo no soy una “Víctima del Terrorismo”, como las que reconoce el Ministerio de Interior (¡qué vergüenza de sociedad que ha de reconocer con un “papelito sellado” el dolor de una persona!), así que no puedo (¡ni quiera Dios que pueda hacerlo alguna vez!) pertenecer a la AVT o similares, pero moralmente me considero, como a todos los españoles de bien, una víctima más del terrorismo de ETA.
    Como todos los españoles de mi edad (también algunos algo menos jóvenes, y todos los jóvenes) no he conocido otra España que ésta, amaneciendo todos los días bajo la sombra de “¿a quién le tocará hoy?.
    A mí me han mentido (¡bendita mentira la mi padre!, para no hacernos sufrir a los hijos) diciéndome que buscaba un gatito debajo del coche. Ahora, como parte de mi crecimiento, ayudo a mentir a otros (¿para qué hacer pasar un mal rato a un niño?).
    Yo he sentido el terror en cada atentado, hasta que escuchaba esa voz de mi padre, otra vez sano y salvo (¡oh, dulce sonido! la voz de un padre, de un hermano, del esposo o de un hijo).
    Yo he sufrido el terror de ver marchar a mi padre (un hermano, un esposo o un hijo)y a mi hermano, cada mañana. Durante años, no podía salir de casa sin darles un beso (aún hoy, con casi cuarenta años, sigo dando un beso a mi padre antes de salir de casa), por si era el último que le daba vivo y el próximo se lo daba en una caja de madera.
    He visto el dolor de mi padre( de un hermano, de un marido, de un hijo)cada vez que era un amigo suyo el que moría en el atentado de turno (¡Y son unos cuántos!).
    Durante años no podía dejar de comprobar que el portal quedaba bien cerrado tras de mí. Ni dejaba de comprobar que no hubiera nada sospechoso alrededor de la casa (¡ingenuidad de pensar que podría descubrir el coche bomba preparado, el pistolero de turno, o el paquete!), pequeños gestos inútiles que aliviaban mi congoja diaria. Era mi particular lucha antiterrorista.
    Yo viví muy de cerca el atentado con coche bomba de la Dirección General de la Guardia Civil en el que, además de cincienta heridos, murió un niño de pocos años y la madre de éste perdió al bebé que estaba esperando. Aún hoy, veintitrés después, me recorre un escalofrío al pasar por el edificio y recordar los daños de la explosión y que podíamos haber pasado aquella noche, como tantas otras, justo en el momento de la explosión, como aquella familia que quedó destrozada. Desde ese día, he ido (y continuaré haciéndolo, aunque ojalá deje de tener que hacerlo) a todas las manifestaciones de repulsa de un atentado y de homenaje y apoyo a las víctimas. Me gustaría acudir a una manifestación de celebración del fin del terrorismo en España. ¡Cuántas personas iríamos felices a esa esperada manifestación!
    Como tú, no considero que haya otro castigo para un terrorista que cumplir cadena perpetua por sus crímenes.
    Me resisto a perdonar a terroristas que han causado tanto dolor y derramado tanta sangre y tantas lágrimas con sus atrocidades. Pero, como tú, ahora también creo que puede haber personas que puedan ser perdonadas con dos condiciones irrenunciables: que cumplan las penas a las que han sido (o puedan ser) condenados y que, tras perdir perdón a todas y cada una de sus víctimas, demuestran su sincero arrepentimiento, como ha hecho Shane O'Doherty.
    Para otro momento, dejamos las comparaciones entre la situación de Irlanda del Norte y de las Vascongadas, y el trato en las prisiones de los dos grupos terroristas.
    Gracias, Sáhara, por permitirme reflexionar con tus palabras.

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  2. Descubrir que uno es capaz de perdonar llena el corazón de paz.
    Me alegra que hayas traído aquí este post tan interesante y conmovedor.
    Respecto a tu comentario en mi blog, decirte que Claudia Hortensia es un personaje de ficción, es el personaje que está relatando la historia de la fundación de Roma. Pero en fin, en la época en que ella éstá situada, (finales del s.I a.C.)había ya, desde más de 100 años, un pensamiento humanista que chocaba con el pensamiento más conservador y había dado lugar a muchas guerras civiles. Algo así podría haber expresado una romana de su época.
    En cuanto al capítulo en que esta Claudia Hortensia cuenta un poco lo del nombre de Roma, te pongo aquí el enlace para que no te vuelvas loco buscándolo. Con todo, he de decirte que es capítulo 12 de la segunda parte de la fundación de Roma, o sea, que es más que probable que, fuera de esa referencia al nombre de Roma, el resto del post te deje un poco en ayunas.
    http://mujeresderoma.blogspot.com/2011/06/las-colinas-junto-al-tiber.html
    Muchas gracias por el cariño con que vienes siempre a mi blog. Es un placer enorme encontrar o ser encontrada por colegas como tú. Un abrazo.

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