Experiencias personales

Los Reyes Magos existen de verdad

Hace unos días, mi hija de nueve años, me preguntó que si existían los Reyes Magos. Miré a los ojos a mi mujer y vi la misma mirada de pánico y desconcierto que debían de estar mostrando los míos. Yo, al igual que el padre de esta historia, le pregunté lo que creía ella y me contestó exactamente lo mismo que la niña de este relato. Cuando la dije que si creía en la magia de los Reyes Magos, me dijo que sí. Inmediatamente me acorde de este relato que voy a narrar a continuación y, tan sólo espero que el momento que yo elija para contárselo a mi hija sea el adecuado.

Apenas papá se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio. Lucía, en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
– ¿Papá?
– Dime princesa
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, cielo. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido.
– Es que… -titubeó Lucía.
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
 
El padre de Lucía se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
 
La nueva pregunta de Lucía le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas, pero como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Lucía.
– Entonces no lo entiendo papá.
– Siéntate Lucía y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
 
Lucía se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
“Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y su voz se escuchó en el Portal:

– Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

– ¡Oh! necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo el Niño-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños?.
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que el Niño Jesús estaba planeando, cuando su voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.”

Cuando el padre de Lucía hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
 
Corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
– No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Todos se abrazaron mientras que, con toda certeza, desde el Cielo tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Le dije a mi hija que después de Reyes, le respondería a su pregunta. Hoy 7 de enero, mi hija me ha recordado su pregunta y mi promesa. La he abierto el blog y le he dado a leer esta entrada. Al principio estaba intrigadísima en su lectura. Al llegar a la orden del Niño Jesús, las lágrimas le corrían a borbotones por sus mejillas, pero tenía una sonrisa preciosa en los labios. Cuando he terminado de leerle yo la entrada, con un nudo en la garganta, me ha dado un beso y abrazada a mí, me ha dicho un ¡Gracias papá! que me ha llenado de emoción como muy pocas cosas me han emocionado en mi vida.
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4 comentarios en “Los Reyes Magos existen de verdad”

  1. Una historia preciosa, sahara. Cuando leía la conversación con vuestra hija, me acordaba de que con mi hijo había sido casi idéntica. El primer año que hizo la pregunta, él mismo se respondió considerando absurdo lo que decían sus amigos. Al año siguiente me lo volvió a preguntar pero entonces en su mirada había un mensaje: debes decirme la verdad. Entonces le di una explicación y le dije que era muy hermoso pensar que había alguien (los reyes)que pensaba en nosotros y nos quería tanto… De haber conocido esta historia tuya, se la habría contado. Un abrazo, querido amigo.

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  2. Andres J., gracias por compartir esa forma de pensar conmigo.

    Motero, siempre me alabas. Te puede la amistad 😉

    Isabel. ¿Qué decirte? Cuando se afronta esa situación desde la misma perspectiva, los sentimientos suelen ser muy parecidos. He de agradecerte el que me alabes de esa manera el gusto al decirme que, de haberla conocido, se la hubieses contado a tu hijo; viniendo de alguien como tú ese comentario, me llena de orgullo y satisfacción el que yo elija algo que tú hubieses elegido en la misma situación. Un fuerte abrazo Isabel

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